domingo, 28 de diciembre de 2008

CAPÍTULO ONCE: La Maldición del Padre Cielo

Emerein, tío del ahora desaparecido Saein, debía hacer frente al problema que su sobrino no había podido solucionar, y que al contrario había empeorado. Afortunadamente para él, había conseguido que los hermanos se separaran, al igual que su pueblo, y eso le permitía enfrentarlos de manera más cómoda, sin embargo, el poder de la reina Yahaan era grande y Emerein le temía, por lo que se encerró en la Torre de Cristal para meditar., hasta que un día encontró la respuesta.

Encaramado en su torre una noche sin nubes y ayudado por sus innumerables cristales, Emerein invocó al Padre Cielo y contra todo pronóstico, éste le respondió.

-¡Oh Padre Cielo protege a tu sirvo de la maldad de los humanos! – clamó Emerein.
-Pequeño señor de la torre, no deseo interferir a favor de ninguno de ambos, pues ambos sois mis hijos, ingeos y humanos. Y además éstos ya han sufrido suficiente por mis manos – contestó el Cielo.
- Pero padre, los humanos ya no son tus hijos, pues te han traicionado y te llaman el Demonio de las Alturas, y sólo reconocen como divinidad a la Madre Tierra.

Las palabras de Emerein encontraron sentido en el pensamiento del Padre Cielo, que aún sentía rencor por haber sido engañado por la madre tierra y porque habían quedado humanos que resistieron su ira. De esta forma el cielo se retiró sabiendo que los días de los hermanos, que creía paganos, estaban contados.

Ocurrió que un día cuando el sol estaba en lo más alto llegó Yahaan junto a su ejército, a las cercanías de la Torre de Cristal y pidieron reivindicación por el atentado en su contra, pero lo único que obtuvieron fue la risa burlona de Emerein.

- ¡Qué es lo que vienes a buscar a mi casa, Yahaan reina de asesinos y paganos! – gritó Emerein.

Y antes de que Yahaan respondiera el Cielo se pronunció y arrojó las poderosas flamas del Sol a través de los infinitos cristales de la torre y fueron a dar contra la reina, que cayó herida. Pero Yahaan que era astuta y comprendiendo la conspiración de Emerein, supo que debía acabar con la amenaza de la torre. Por lo que con grandes esfuerzos recurrió a su única esperanza, Sophos, lo intentó levantar con una mano mientras que con la otra, en la tierra, le pidió a la madre y a Bashoo que le permitieran usar su poder, y el corazón de Bashoo que a la lejanía presentía lo que sucedía, se lo permitió. Fue así que como el más espantoso y glorioso de los rayos, el poder de Sophos se manifestó y golpeando el suelo de forma aterradora envió su estruendo contra la torre haciendo que su cúpula hecha de cristales colapsara y explotara cortando muchas veces a Emerein, causándole la muerte, justo en el momento en que Yahaan, envuelta en las llamas y con Bashoo destrozado daba también su último suspiro.

Tal fue el enojo del cielo al haber sido desafiado por aquella reina humana y contra la tierra que todo su odio tomó forma y se manifestó en una gigantesca criatura, ciega como la ira, que con su cuerpo de gusano y sus millones de dientes, se precipitó contra la tierra devorándola y partió en búsqueda del Rey que permanecía vivo.

A la muerte de Yahaan, el pueblo Visinar se retiró de vuelta a las montañas, enlutecido, pero orgulloso del valor de su Reina. Aún estaban tan dolidos que no se percataron del terror que perseguiría desde aquel día a Nuein. Sin embargo, el espíritu de los ingeos estaba ofendido, pues aquellos humanos habían destruido una de sus grandes obras y su mayor orgullo, la Torre de Cristal.

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